Una de las tantas razones por las cuales no me siento parte de éste
mundo, son los conceptos de éxito y felicidad que ésta sociedad nos bombardea a
diario.
Supuestamente, la única manera
de sentirte feliz o exitoso es si cumples con una o más de las siguientes
expectativas: tener mucho dinero, poseer un carro sport último modelo, una casa
de revista, un cuerpo perfecto, el último móvil, tener éxito profesional, las
vacaciones de tus sueños o ser famoso, entre otras cosas. Si no cumples con uno o más de estos
"requisitos" no vales nada, no tienes derecho a sentirte feliz o
exitoso.
Sinceramente creo que la felicidad y el éxito son más un estado del ser,
y no algo que depende, exclusivamente, de lo que tengas o hagas. Para mí, la "riqueza" o
"valor" de una persona depende, principalmente, de la calidad de sus
sentimientos, de la nobleza de sus intenciones y de sus buenas acciones.
Por otra parte, creo que la felicidad real es fruto del sentirse bien y
a gusto con uno mismo, en paz con la vida y con los que te rodean. Este estado del ser implica,
fundamentalmente, trascender el ego propio y los conceptos de éxito y felicidad
que el mundo nos impone. En otras
palabras, la felicidad real es fruto de nuestro crecimiento interior.
Por el simple hecho de valorar y apreciar más lo simple y sencillo, lo
interior más que lo exterior y la esencia en vez de la apariencia, he sido incomprendido,
menospreciado o rechazado por familiares, amigos y colegas. Era de esperarse. Me califican de mediocre, de conformista o
raro por ésa razón.
Por último, he logrado entender que para sentirme bien y a gusto conmigo
mismo, debo renunciar a mi dependencia de la aceptación, valoración o
reconocimiento de los demás y, en cambio, procurar ser fiel y leal a mí mismo,
en primer lugar. No ha sido fácil, lo
reconozco, pero lo sigo intentando.
(Por Mariano de Jesús Rocha Gómez)
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